Lo que Sigue... 

Un espacio para historias, fragmentos, observaciones y reflexiones sobre esas cosas que vemos, vivimos o pensamos y que merecen quedarse un poco más.

Carta abierta: ¿Cuándo dejamos de aceptarnos?

Leí la noticia de una mujer de 29 años que murió después de someterse a varias cirugías estéticas. Su madre había intentado convencerla de que no lo hiciera. Me quedé pensando en aquella historia y en una pregunta que va más allá de lo sucedido: ¿qué nos está pasando para que modificar nuestra apariencia llegue a parecernos más importante que los riesgos que implica?

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Una historia entre los escombros

Una madrugada, mientras oraba a Dios, vino a mi mente la parábola de los talentos. La he leído muchas veces, pero aquella madrugada una pregunta se quedó conmigo.¿Y los míos cuáles son, Señor?Parecía una pregunta sencilla. Sin embargo, algo en ella no me dejó seguir adelante tan fácilmente. Se quedó resonando, como una piedra golpeando una ventana una y otra vez.¿Y los míos cuáles son?Pensé que estaba reflexionando sobre talentos,no imaginaba que estaba a punto de encontrar una historia entre los escombros. Durante años creí que ciertas cosas habían quedado atrás: experiencias laborales, sueños, oportunidades, heridas y preguntas que nunca logré responder.Pensé que el tiempo había hecho su trabajo. Hoy creo que simplemente aprendí a seguir adelante, porque seguir adelante y sanar no siempre son la misma cosa.Hay duelos que vivimos y hay duelos que enterramos. Creo que yo enterré varios. Eran oportunidades que no tomé,versiones de mí misma que nunca llegué a conocer.,la vida que imaginé tener,ciertas puertas que se cerraron,una profesión que un día decidí dejar atrás.No los procesé. No los lloré. No me senté a conversar con ellos,simplemente seguí caminando. Trabajé, resolví problemas, pagué cuentas y aprendí a funcionar,poco a poco, aquellos duelos quedaron cubiertos por capas de tiempo, responsabilidades y rutina, hasta que una simple pregunta empezó a remover los escombros.¿Y los míos cuáles son, Señor?Mientras más pensaba en ella, más recuerdos aparecían. Recordé algo que llevaba años guardado. Una vez alguien me ofreció una oportunidad laboral. Todavía recuerdo sus palabras.“Yo veo potencial en usted.”“Creo que puede hacerlo.”Y yo le dije que no.No era falta de ganas de crecer,mis inseguridades hablaban más fuerte que mi confianza: mis complejos, mis temores y mi falta de identidad en aquel momento. Hoy puedo reconocer algo que durante mucho tiempo evité decir.Sí, me arrepiento.No porque sepa qué habría ocurrido si hubiera dicho que sí. Eso nunca lo sabré. Me arrepiento porque hoy veo que muchas veces el miedo tomó decisiones por mí.Y mientras seguía excavando, apareció otra verdad. Durante años pensé que mi frustración tenía que ver únicamente con las cosas que no había logrado, pero debajo de esa frustración había algo más profundo: cansancio, comparación y años sintiéndome insuficiente, creyendo que otros eran más capaces, más inteligentes, más rápidos y más preparados,también pasé años intentando demostrar que tenía valor.Y cuando una persona carga eso durante demasiado tiempo, llega un momento en que deja de medir solamente sus logros. Empieza a medir su propia valía,tal vez por eso algunas derrotas duelen tanto, no porque sean las únicas, sino porque terminan apoyándose sobre muchas otras.Tengo un título universitario, capacitaciones y experiencia,aprendí mucho a lo largo del camino,sin embargo, llegó un momento en que decidí cerrar un ciclo y no volver a ejercer mi profesión,no era falta de capacidad ni de preparación; algo dentro de mí ya no encontraba vida allí.Hubo experiencias extraordinarias, personas valiosas y momentos importantes,pero también hubo heridas, maltratos y desgaste emocional, situaciones que poco a poco fueron apagando cosas dentro de mí. Y aunque el tiempo pasó, creo que parte de ese luto quedó suspendido en algún lugar de mi historia.Quizás por eso terminé buscando respuestas en otro sitio. Fue así como llegué al mundo digital.El marketing no era una pasión pendiente ni estaba buscando convertirme en experta o construir una marca,llegué por necesidad quería saber si era verdad, si realmente era posible construir algo diferente, si todas esas historias sobre ingresos online, blogs, Pinterest, Facebook, Instagram y negocios digitales eran tan ciertas como parecían.Y como suelo hacer cuando algo despierta mi curiosidad, empecé a investigar. Leí, probé, me equivoqué, volví a intentar, escuché a expertos, observé estrategias y analicé tendencias, observé algo que me hizo pensar.Encontré personas que sabían mucho y enseñaban cosas valiosas, pero también encontré historias de personas decepcionadas, personas buscando respuestas mientras alguien seguía vendiéndoles más respuestas. Eso me hizo cuestionar muchas cosas.No para atacar a nadie, porque también encontré personas honestas haciendo bien su trabajo. Pero entendí algo: cuando una persona necesita una oportunidad, la esperanza puede hacer que cualquier promesa parezca posible.Y no creo que debamos burlarnos de quien busca una salida. Nunca sabemos qué necesidad, qué ilusión o qué desesperación hay detrás de esa búsqueda.Fue en medio de ese proceso donde nació algo llamado Kesef Project. Lo que comenzó como un intento de explorar una posibilidad terminó convirtiéndose en un lugar donde también empecé a encontrarme conmigo misma.Y mientras construía ese espacio cometí un error curioso,quise darle a Kesef la apariencia de una marca, de una empresa, casi de todo un departamento de marketing. Intenté parecer algo que nunca fui.Hasta que un día entendí algo evidente: nunca hubo una corporación detrás de Kesef Project,siempre hubo una persona, alguien con preguntas, inseguridades, expectativas, fe, dudas y heridas que todavía estaba aprendiendo a comprender.Durante ese recorrido llegué a superar el millón de impresiones en Pinterest. No ocurrió de la noche a la mañana ni fue resultado de un pin viral o una fórmula mágica. Fue el resultado de más de un año de pruebas, errores, cambios de estrategia, contenido eliminado, reestructuraciones y aprendizaje.Si esta fuera una historia típica de internet, aquí debería contarles cuánto dinero gané. Pero no es esa historia.Después de superar el millón de impresiones, los ingresos generados por lo que mostraba en mis pines fueron exactamente cero dólares.Cero. No miles ni cientos. Cero.Y aunque esa realidad me obligó a replantearme muchas cosas, también me enseñó algo importante: las métricas cuentan una parte de la historia, pero no cuentan toda la historia.Algo parecido ocurrió mientras observaba Facebook e Instagram. Escuchaba personas diciendo que era posible ganar dinero, mientras otras afirmaban que era imposible sin mostrar el rostro. Unos recomendaban construir una marca personal y otros aseguraban que podía hacerse completamente sin rostro.Mientras más observaba, más entendía que la realidad era más compleja de lo que parecía. Porque muchas veces la monetización también depende de programas, requisitos, invitaciones y herramientas que no siempre están disponibles para todos.Y una vez más descubrí que las historias simplificadas rara vez cuentan toda la realidad.Mientras escribo estas líneas, sigo sin saber exactamente qué ocurrirá con Kesef Project. Puede crecer, cambiar o incluso dejar de existir dentro de algunos años. No tengo cómo saberlo. Tampoco sé con exactitud cuáles son todos mis talentos.Pero recordé algo que alguien me dijo hace mucho tiempo:Tienes un espíritu enseñable.Curiosamente, nunca olvidé esas palabras. Quizás porque siempre me frustró aprender lento. Siempre admiré a quienes entienden todo rápidamente. Yo nunca fui así. Me toma tiempo, necesito equivocarme y volver a empezar.Pero sigo aprendiendo. Y tal vez eso también tenga valor.Hoy no tengo todas las respuestas. Todavía hay piezas que no encajan, preguntas abiertas y caminos que no logro entender.Pero si algo encontré entre los escombros fue esto: no todo lo que estaba enterrado era pérdida.También encontré aprendizaje, crecimiento y gracia. Y encontré evidencia de que Dios ha estado trabajando incluso en temporadas en las que yo pensaba que nada estaba ocurriendo.Quizás todavía no entiendo el mapa completo, pero sigo creyendo en las manos que lo dibujaron. Y por ahora, eso es suficiente para seguir caminando.

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