El otro día vi un reel de una mujer diciendo que ella era una joya cara, no bisutería.
Hablaba de independencia, de empoderamiento y de lo mucho que valía. Según ella, los hombres no la tomaban en cuenta y terminaban escogiendo “lo barato”.
Lo curioso fue que durante todo el video nunca le vi la cara.
La cámara se encargó de mostrar su busto y sus nalgas mientras ella hablaba de todo lo que tenía para ofrecer como mujer. Llevaba un traje de baño tan pequeño que, más que una conversación sobre su valor, parecía una demostración de escaparate.
Y ahí me quedé pensando.
Si quieres que alguien conozca el valor de la joya, ¿por qué decides enseñarle primero el envoltorio?
Una mujer puede vestirse como quiera. Puede mostrar su cuerpo y nadie tiene derecho a convertir eso en una autorización para faltarle el respeto.
Pero también existe algo llamado mensaje.
Y si durante todo el video la cámara no considera necesario mostrar tu rostro, tus gestos, tu mirada ni siquiera la expresión con la que estás hablando, pero sí encuentra tiempo para enfocar cada curva, quizá habría que preguntarse qué es exactamente lo que estás poniendo primero sobre la mesa.
Porque después vienen las quejas de que ciertos hombres solo se acercan buscando sexo.
Y aquí es donde la conversación merece un poco de honestidad.
No eres responsable de las intenciones de quien te mira. Pero sí eres responsable del mensaje que decides enviar.
Una joya puede ser extraordinaria.
Pero si la exhibes como mercancía, no debería sorprenderte que algunos entren a la tienda buscando comprar, no conocer a la joya.
by Kesef Project