Hay algo cómodo en mirar hacia afuera.
Desde lejos todo parece más evidente.
Las fallas parecen más claras cuando tienen rostro ajeno.
Y sin darnos cuenta empezamos a separar el mundo:
los que fallan y los que observan,
los que necesitan cambiar y los que creen haber entendido.
Pero quizá esa división nunca fue tan real.
Porque señalar no nos deja fuera.
Y ser señalados tampoco nos convierte automáticamente en víctimas.
Hay algo más incómodo:
todos somos capaces de esconder, justificar, aparentar o ignorar aquello que todavía no queremos enfrentar.
Nos escandaliza descubrir máscaras… hasta que descubrimos que también tenemos las nuestras.
Y entonces cambia la pregunta.
Ya no es:
¿Quién está peor?
Ni siquiera:
¿Quién tiene razón?
Empieza a ser:
¿Qué de esto también vive en mí?
Porque quizá crecer no empieza cuando aprendemos a identificar errores.
Quizá empieza cuando dejamos de actuar como jueces… y aceptamos volver a ser examinados.
—Kesef Project